Porque el Software Libre también tiene propietarios.

By pragmart

Mucha gente parece molesta por la idea refleja de que el Software Libre, por contraposición al Software Propietario, es el mecanismo que permite la expropiación del Software a sus legítimos autores, para entregárselo a las masas perezosas y caprichosas. ¿Turbocomunismo?. Incluso a partir de ella surge la idea corolaria de que los “defensores” de la libertad del software proclamamos a los cuatro vientos una flagrante injusticia, la de la expropiación de los programas que usamos a sus legítimos propietarios (porque los han creado), mientras alegamos razones morales que lo justifiquen de algún modo. Da la sensación de que, en este caso, derecho a la libertad y derecho a la propiedad entran en conflicto. No lo creo.

En el idioma inglés el término “free” ha creado, crea y creará quebraderos de cabeza por su ambigüedad. Free es libre pero free es gratis. Esto incita a pensar que algunos queremos que nos regalen los programas por la cara (además de expropiarle el software al personal), cuando eso no es cierto en absoluto. Debido a que el término originario en inglés es confusorio hemos heredado la confusión en todos los idiomas y parece inevitable e inmediato pensar que la situación es como se plantea: software de calidad por la cara. No obstante el tema no es éste, el precio del software. Hoy en día casi todo tiene precio y la la inmensa mayoría de los amantes del “software por la cara” usan software “pirateado” y defienden las licencias más restrictivas con respecto a los derechos de instalación, ejecución, modificación y redistribución de programas.

El tema es que si, en idioma español, utilizamos el término “propietario” para designar un tipo de software que no nos gusta y al que por ello ponemos objeciones, estamos pisando, de nuevo y tantas veces como hablemos, terreno cenagoso, “pantanolodousos”, que decíamos un amigo de la infancia y yo en otros momentos. Yo no lo usaría.

Nada hay en contra de que el software tenga dueño (legítimo). A nadie se le quiere “quitar” nada, ni siquiera a los programadores, sino todo lo contrario, les queremos devolver el software que les han quitado, a ellos y a nosotros, a todos, la gente que conduce coches que llevan sus propios nombres estampados en la matrícula. Ellos son los que le quitan el programa mediante contratos a su legítimo dueño (por escribirlo) para venderlo a precios abusivos y situarse en unas condiciones de venta inmoralmente ventajosas y de monopolio con el único fin de enriquecerse lo máximo posible, medios que violan derechos y libertades ya establecidos desde el pasado. Enormes capitales sin precedente alguno en la historia, generados de un modo tan ingenioso como criticable que, contrariamente a lo que se pudiera pensar en un primer vistazo, no contribuyen a la economía de la sociedad a la que pertenecen, por lo menos no al conjunto de toda ella, sino que se acumulan en manos de unos pocos aumentando la desigualdad y la injusticia social. Una cosa es ser propietario u obtener beneficio de una actividad industrial, empresarial, artística… otra muy distinta es especular mediante abusos de poder para medrar sin límite. Suena dramático y exagerado, lo sé, pero es la esencia pura de la economía en nuestra época. Eso también lo sé.

Han sido muchos años durante los cuales unos señores que venderían a su señora madre para darse de bruces con la plusvalía han forjado un pensamiento en todos nosotros para poder seguir vendiendo madres, ajenas en este caso, so pretexto, en la mayoría de las ocasiones, de ser la suya propia. El pensamiento, la idea, es que si uno no se apropia de ciertos derechos y libertades ajenos no es dueño de lo, digamos, suyo propio, ni puede obtener beneficio alguno de su trabajo. Tamaña desfachatez forma parte del “firmware” “instalado” en nuestro cerebro gracias a Mr. Bill Gates & Co. Co son los de Apple, los de Adobe, los de Nvidia, los de ATI, los de… vamos, la versión contemporánea de los que concibieron el “derecho de pernada”. Todos ellos nos han demostrado lo inteligentes que son porque hablamos cómo y según lo que ellos piensan, salvo honrosas excepciones. ¡A la defensa de sus licencias!, sin saber ni de dónde hemos sacado la idea. La gente piensa, sin pensarlo bien, como en casi casi todo, que es libre, que somos libres. Vale.

Un programador que desarrolla un programa tiene ciertos derechos de propiedad sobre dicho programa, sin que ello sea lo más importante para definir una ética de supervivencia y desarrollo útil al ser humano, ni al programador en cuestión. Para nada le sirven ahora los sonetos a Shakespeare, y bien suyos que son. Para nada le sirven los pararrayos a Benjamín F. desde que dejó de fumar. Para nada le sirven las vacunas a Pasteur. Para nada le sirven los campos de concentración a algún cabrón que los inventó, vaya. Y bien suyos que son de todos ellos esas invenciones, que bien se encargan los “educadores” de llenar nuestras cabezas de inventos, inventores, fechas de invención, creadores, creaciones y fechas de creación desde bien pequeños. Queda  claro de todo lo anteriormente expuesto que el software no tiene por qué no ser propietario, es más, casi siempre lo será, salvo excepciones, sin que su propiedad signifique la omnipotencia.

Conclusión: Software propietario sí.

Para un programador puede ser, debería ser, más importante disponer de pequeños o inmensos fragmentos de código reutilizable para sus programas que la idea de tener un Jet privado aparcado en su cochera diseñada por un renombrado arquitecto vanguardista. Esto reduciría mucho la dificultad de su trabajo, desmitificándolo en cierta medida. La culpa la tienen como siempre esas ideas de las que nos sentimos tan propietarios pero que simplemente repetimos para el regocijo de las mentes que, sin otorgarse ninguna autoría, faltaba más, las concibieron. Ideas como patentar código o seres vivos, ideas como que, sin limitar los derechos de los demás, no tendremos una vida digna y feliz, ideas como que, si estás muy muy deprimid@ y desquiciad@, sólo el dinero gastado te devolverá un estado de ánimo saludable que merezca la pena vivir, ideas como que, si en España no hacías la mili hace unos añitos eras un mal ciudadano, un antipatriota y un marica, ideas en resumidas cuentas simplificadoras al límite, ideas tendenciosas e interesadas, ideas que luego siempre caen en el olvido a base del sacrificio y el inmenso trabajo de unos pocos. ¡Ay las ideas, las putas ideas que vienen y van!

Conclusión: Software privativo no.

Pero, si el código puede ser mío, aunque me interesa que aún siendo tuyo yo lo pueda reutilizar para mejorar mis programas, mi valía como programador, mis problemas y, ya de paso, mi situación laboral, y ésta es la cuestión, ¿cómo coño llamo yo a ese código del que no quiero saber nada de nada porque dificulta el desarrollo de las soluciones informáticas a mis problemas, crea muros de secretismo al más puro estilo de las condenadas sectas satánicas y denostadas logias masónicas que impiden la circulación de las ideas, las buenas ideas, y, por si todo eso no fuera suficiente, hace imposible conocer lo que hace REALMENTE el programa que estoy ejecutando? ¿Propietario o privativo?

Ser propiedad o propietario no es nada malo, en principio vamos, la ley contempla ese derecho en muchas circunstancias, que no en todas. Sin embargo, es el nombre de privativo el que le cae al pelo a un tipo de software que está licenciado para imponer a sus compradores unas condiciones que nos privan de ciertos derechos ganados en el avance y desarrollo de las sociedades y cuya principal función es la de evitar la injusticia y la desigualdad entre los individuos de una misma sociedad o entre sociedades diferentes y optimizar su supervivencia. Suena bonito, ¿verdad?

No existen individuos fuera de las sociedades y no se pueden conceder derechos individuales, de propiedad en este caso, que olviden esa realidad transversal al devenir del ser humano sobre la tierra. Nadie crea algo de la nada y siempre comienza su labor de creación, técnica o artística, endeudado con la sociedad a la que pertenece. Negar este hecho formidable es o bien ingenuo o bien muy malvado. De modo que, malvado capitalista, vete olvidándote de obtener beneficios y crecer sin límites a costa de mis derechos, sean estos aplicables a la compra del software o la de gaitas asturianas.

Yo elijo usar el Software Libre, que no tiene por qué no ser propietario, sin ilimitados derechos  eso sí, que luego los que sacan tajada de tan ilimitados derechos no son los autores sino los editores. Les pasa a los músicos, a los poetas, a los pintores, a los ingenieros, a los programadores y a todo quisque que tenga una buena idea y dependa de un “hombre de negocios” para llevarla a cabo.

Yo no elijo Software Privativo, me lo imponen, que también es propietario, aunque muchas veces propiedad no de quien lo hizo sino de quien, mediante el poder económico y las patentes pone los contratos de su parte, porque en la moral que yo concibo para la mejor de las sociedades que se me ocurre no puedo elegir ni eso,  el código privativo, ni la violación, ni el asesinato, ni la tortura.

Yo elijo NO Software Privativo en la misma medida que elijo NO a todas esas fechorías. Así que menos monsergas con lo de que si cada uno es libre de instalar en SU ordenador tal o cual programa, sea este libre o no, que nadie es libre por comprar un ordenador con un sistema operativo preinstalado, ni lo es porque los lobbys presionen a la administración para que nos obligue a usar formatos propietarios que no sabemos ni cómo son ni lo que hacen, ni es libre porque use cierto navegador segun la fórmula “o con este o no entras con ninguno”, ni es libre por incumplir las injustas licencias y conseguir el software ilegalmente, ni es libre cuando el sistema no responde a sus comandos sino a los que, deliberadamente, ocultamente en ese revuelto de ceros y unos, ejecuta la compañía o el programador que crearon dicho software y que nada tienen que ver con la función que, ingenuamente, se espera que cumpla el programa.

Libertad no es un concepto para uso íntimo y personal, como el desodorante. Éste es un error muy propio de unos tiempos como los actuales donde se fomenta el individualismo a ultranza. Está mejor, es más práctico, ser un poco más crítico con los sistemas vigentes que cacarear una “mi libertad” para cometer acciones ya predefinidas por otros e incompatible por tanto con una aproximación práctica, no platónica, no ideal, hacia una más apetitosa “nuestra libertad”.

El software, propietario o no, LIBRE, no privativo.

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2 comentarios para “Porque el Software Libre también tiene propietarios.”

  1. david Dice:

    Gracias por el artículo.

  2. elix Dice:

    Esto da mucho que pensar…

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